miércoles, 27 de junio de 2012

120.- ¿Qué hace el Espíritu Santo en mi vida?


120.- ¿Qué hace el Espíritu Santo en mi vida?

El Espíritu Santo me abre a Dios; me enseña a orar y me ayuda a estar disponible para los demás. [738-741]

«El huésped silencioso de nuestra alma», así llama san Agustín al Espíritu Santo. Quien quiera percibirlo debe hacer silencio. Con frecuencia este huésped habla bajito dentro de nosotros, por ejemplo en la voz de nuestra conciencia o mediante otros impulsos internos y externos. Ser «templo del Espíritu Santo» quiere decir estar en cuerpo y alma a disposición de este huésped, del Dios en nosotros. Nuestro cuerpo es por tanto, en cierto modo, el cuarto de estar de Dios. Cuanto más nos abramos al Espíritu Santo en nosotros, tanto más se convertirá en maestro de nuestra vida, tanto más nos concederá también hoy sus carismas para la edificación de la Iglesia. De este modo, en lugar de las obras de la carne, crecerán
en nosotros los frutos del Espíritu.




119.- ¿Qué hace el Espíritu Santo en la Iglesia?


119.- ¿Qué hace el Espíritu Santo en la Iglesia?

El Espíritu Santo construye la Iglesia y la impulsa. Le recuerda su misión llama a hombres a su servicio y les concede las gracias necesarias. Nos introduce cada vez más profundamente en la comunión con el Dios trino. [733-741, 747]

Aunque la Iglesia, en su larga historia, en ocasiones haya dado la impresión de estar «dejada de la mano de Dios», a pesar de todas las faltas y deficiencias humanas, siempre está actuando en ella el Espíritu Santo. Sus dos mil años de existencia y los numerosos santos de todas las épocas y culturas son ya la prueba visible de su presencia en ella. Es el Espíritu Santo quien mantiene a la Iglesia en su conjunto en la verdad y la introduce cada vez más profundamente en el conocimiento de Dios. Es el Espíritu Santo quien actúa en los sacramentos y quien hace viva para nosotros la Sagrada Escritura. A las personas que se abren totalmente a él, les otorga también hoy sus gracias y dones.

Los frutos del Espíritu Santo: “Amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí”.  Gál 5,22-23 





118.- ¿Qué sucedió en Pentecostés?


118.- ¿Qué sucedió en Pentecostés?

Cincuenta días después de su Resurrección envió Jesús desde el cielo el Espíritu Santo sobre sus discípulos. Dio comienzo entonces el tiempo de la Iglesia. [731-733]

El día de Pentecostés el Espíritu Santo hizo de los temerosos apóstoles testigos valientes de Cristo. En poquísimo tiempo se bautizaron miles de personas: era la hora del nacimiento de la Iglesia. El prodigio de las lenguas de Pentecostés nos muestra que la Iglesia existe desde el comienzo para todos; es universal (término latino para el griego católica) y misionera. Se dirige a todos los hombres, supera barreras étnicas y lingüísticas y puede ser entendida por todos. Hasta hoy el Espíritu Santo es el elixir vital de la Iglesia.

PENTECOSTÉS
(del griego pentecoste = «el día cincuenta» después de Pascua): En su origen era una fiesta en la que Israel celebraba el pacto de la alianza con Dios en el Sinaí. Por el acontecimiento de Pentecostés en Jerusalén se convirtió para los cristianos en la fiesta del Espíritu Santo.

Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse [...) cada uno los oía hablar en su propia lengua. Hch 2,4.6b 


117.- ¿Cómo pudo el Espíritu Santo obrar en, con y por medio de María?


117.- ¿Cómo pudo el Espíritu Santo obrar en, con y por medio de María?

María estaba totalmente disponible y abierta a Dios (Lc 1,38). De este modo pudo convertirse, por la acción del Espíritu Santo, en «Madre de Dios», y como Madre de Cristo también en Madre de los cristianos, y más aún, de todos los hombres. [721-726]

María posibilitó al Espíritu Santo el milagro de los milagros: la Encarnación de Dios. Ella dio su sí a Dios: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). Confortada por el Espíritu Santo estuvo con Jesús a las duras y a las maduras, hasta la Cruz. Allí Jesús nos la dio a todos nosotros como Madre (Jn 19,25- 27).



El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra. Lc 1,35 


Un poema de Monseñor Eduardo Pironio:

El Sí de mediodía

Un día bajó a los hombres
para conversar con ellos.
Marcó el sol del mediodía
la madurez del silencio.
En Nazaret una Virgen
abría a Dios su deseo.
Silencio de mediodía
sobre los campos ardiendo.

Abrevia, Señor, las horas
sobre los hombres resecos.
Que den las nubes al Justo
y su rocío los cielos.
Afuera ardían los pastos
con la intensidad del fuego.
Silencio de mediodía
sobre el calor de los techos.

Que Dios te salve, María,
no tengas miedo...
Hallaste gracia ante Dios
concebirás en tu seno
al Hijo de Dios que viene
para salvar a su pueblo.
Silencio de mediodía
con la madurez del fuego.

Sobre la aldea dormida
que significa renuevo
se abrió la flor esperada
y el fruto germinó dentro.
El Verbo se hizo carne
y habita ya entre nosotros.
Ahora el Verbo ya es hombre
y el hombre es Dios como el Verbo.

El puente quedó tendido
y el Sacerdote fue hecho...


viernes, 22 de junio de 2012

116.- ¿Qué quiere decir que el Espíritu Santo «habló por los profetas»?


116.- ¿Qué quiere decir que el Espíritu Santo «habló por los profetas»?

Ya en la antigua alianza Dios colmó a hombres y mujeres con el Espíritu Santo, de modo que alzaran su voz en favor de Dios, hablaran en su nombre y prepararan al pueblo para la llegada del Mesías. [683-688, 702-720]

En la antigua alianza Dios escogió hombres y mujeres que estuvieran dispuestos a dejarse convertir por él en consoladores, guías y amonestadores de su pueblo. Fue el Espíritu de Dios el que habló por boca de Isaías, Jeremías, Ezequiel y los demás profetas. Juan el Bautista, el último de estos profetas, no sólo predijo la llegada del Mesías. Se encontró con él y lo proclamó como el liberador del poder del pecado. 

115.- ¿Bajo qué nombres y símbolos se muestra el Espíritu Santo?


115.- ¿Bajo qué nombres y símbolos se muestra el Espíritu Santo?

El Espíritu Santo desciende sobre Jesús en forma de paloma. Los primeros cristianos experimentaron el Espíritu Santo como una unción sanadora, agua viva, viento impetuoso o fuego llameante. Jesucristo mismo habla de él como ayuda, consolador, maestro y espíritu de la verdad. En los Sacramentos de la Iglesia se otorga el Espíritu mediante la imposición de las manos y la unción con óleo. [691-693]

La paz que Dios estableció con los hombres después del diluvio se anunció a Noé por la aparición de una paloma. También la Antigüedad pagana conocía la paloma como símbolo del amor. De este modo los primeros cristianos comprendieron rápidamente por qué el Espíritu Santo, el amor de Dios hecho persona, descendió sobre Jesús en forma de paloma, cuando se hizo bautizar en el Jordán. Hoy en día la paloma es el signo de la paz conocido en todo el mundo y uno de los grandes símbolos de la reconciliación de los hombres con Dios (cf. Gén 8,10-11).

En Jesucristo Dios mismo se hizo hombre y nos concedió contemplar en cierto modo la intimidad de Dios mismo. Y allí vemos algo totalmente inesperado: El Dios misterioso no es una soledad infinita; es un acontecimiento de amor. Existe el Hijo que habla con el Padre. Yambos son uno en el Espíritu, que es, por decirlo así, la atmósfera del dar y del amar que hace de ellos un único Dios. Benedicto XVI, Vigilia de Pentecostés, 2006



114.- ¿Qué papel tiene el Espíritu Santo en la vida de Jesús?


114.- ¿Qué papel tiene el Espíritu Santo en la vida de Jesús?

Sin el Espíritu Santo no se puede comprender a Jesús. En su vida se mostró como nunca antes la presencia del Espíritu de Dios, que denominamos Espíritu Santo. [689-691, 702-731]

Fue el Espíritu Santo quien llamó a la vida humana a Jesús en el seno de la Virgen María (Mt 1,18), lo confirmó como el Hijo amado (Lc 4,16-19), lo guió (Mc 1,12) y lo vivificó hasta el final (Jn 19,30). En la Cruz Jesús exhaló el Espíritu. Después de su resurrección otorgó a sus discípulos el Espíritu Santo (Jn 20,20). Con ello el Espíritu pasó a la Iglesia: «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo» (Jn 20,21).